El duelo, qué es y por qué es importante hablar de él

Hablar de duelo no siempre resulta sencillo. A menudo se evita el tema o se trata de forma superficial, como si nombrarlo pudiera intensificar el malestar. Sin embargo, el duelo forma parte de la experiencia humana y, desde la psicología, sabemos que darle espacio y comprensión es una parte fundamental del cuidado de la salud mental.

En consulta es frecuente escuchar frases como “sé que debería estar mejor” o “no fue tan grave, pero algo cambió”. Estas dudas suelen aparecer cuando una pérdida no parece «suficiente» para ser llamada duelo, pero aún así deja una marca profunda.

En este artículo te explico que es el duelo, cuándo aparece y por qué es importante atenderlo desde una perspectiva respetuosa y actualizada.


¿Qué es el duelo?

El duelo es un proceso de adaptación ante una pérdida significativa. No ocurre de un día para otro ni se limita a una emoción concreta. Más bien implica un conjunto de ajustes que afectan a cómo una persona siente, piensa y se relaciona con su entorno.

Por ejemplo, alguien puede seguir yendo a trabajar cada día, cumplir con sus responsabilidades, pero sentir que todo le cuesta el doble, como si estuviera funcionando en “piloto automático”.

Estas experiencias no indican que el duelo se esté viviendo “mal”, sino que la persona está intentando ajustarse a una realidad en la que algo que era importante para ella ya no está.


¿Existen fases en el duelo?

Es habitual que los pacientes lleguen a consulta preguntándose en qué “fase” se encuentran. El modelo de las fases del duelo, propuesto por Elisabeth Kübler-Ross, describía reacciones emocionales como la negación, la ira, la tristeza o la aceptación, y ha sido útil para poner palabras a vivencias frecuentes tras una pérdida.

Sin embargo, la psicología actual entiende que estas fases no son etapas obligatorias ni universales. No todas las personas las experimentan, ni lo hacen ni en el mismo orden ni con la misma intensidad. El duelo no avanza de forma lineal, y vivirlo de una manera distinta no significa que algo esté yendo mal.

Hay personas que nunca sienten ira, otras que oscilan entre momentos de aparente calma y momentos de profundo malestar, y otras que experimentan varias emociones a la vez. Por ejemplo, alguien puede sentirse aliviado por el final de una situación difícil y, al mismo tiempo, experimentar tristeza o culpa. Lejos de ser contradictorio, esto forma parte de la complejidad del duelo.

Actualmente se habla más bien de un proceso dinámico, en el que diferentes emociones y necesidades pueden aparecer, desaparecer o coexistir. No hay un orden correcto ni un ritmo que deba cumplirse.


¿Ante qué pérdidas aparece el duelo?

Aunque el duelo suele asociarse al fallecimiento de un ser querido, también aparece ante otras pérdidas que a veces pasan más desapercibidas, como por ejemplo:

  • Una ruptura de pareja.
  • La pérdida de la salud o de ciertas capacidades.
  • Cambios vitales importantes (migración, jubilación, infertilidad, etc.).
  • La pérdida de un proyecto, un rol o una etapa de la vida.

En estos casos, es frecuente que la persona se pregunte si “tiene derecho” a sentirse así. Sin embargo, el duelo no depende de la magnitud objetiva de la pérdida, sino del significado que tenía para quien la vive.


¿Por qué es importante acompañar el duelo?

Cuando el duelo no encuentra un espacio para ser reconocido y elaborado, puede manifestarse más adelante de formas indirectas como malestar persistente, ansiedad, sensación de desconexión o dificultades en las relaciones.

Acompañar el duelo no implica eliminar el dolor, sino facilitar un proceso de adaptación saludable, respetando los tiempos y la singularidad de cada persona.

Hablar de duelo es, en definitiva, una forma de cuidar la salud mental y de reconocer una experiencia profundamente humana.

Si al leer este artículo has sentido que algo de lo que te comento conecta contigo, quizá estés atravesando tu propio proceso de duelo, aunque no siempre sea fácil ponerle nombre. No tienes que poder con todo a solas. A veces, contar con un espacio profesional donde hablar de lo que duele, sin juicios ni prisas, puede marcar la diferencia.

Si lo necesitas, puedes pedir ayuda. El acompañamiento psicológico no busca borrar el dolor, sino caminar contigo mientras encuentras tu manera de adaptarte a esta nueva etapa.


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