Seguridad, la palabra que el nervio vago entiende

Puede que hayas escuchado hablar del nervio vago. Pero ¿Qué es realmente? ¿Por qué se llama así? Y sobre todo, ¿Qué papel tienen en nuestra salud física y emocional?

El nervio vago es uno de los nervios más importantes y complejos de nuestro cuerpo. Conecta el cerebro con distintas partes vitales como el corazón, los pulmones, el sistema digestivo, la garganta y parte del rostro. Participa en la respiración, la digestión, la voz, la regulación emocional y en cómo nos relacionamos.

Su nombre viene del latín nervus vagus, que significa “errante” o “vagabundo”. Se llama así porque vaga por muchas zonas del cuerpo, con un recorrido mucho más largo y ramificado que la mayoría de nervios.

Curiosamente, durante mucho tiempo también se le llamó nervio neumogástrico, por su función en los pulmones (neumo) y el estómago (gástrico).  Y aunque suene a “poco trabajador”, es justo lo contrario. Es uno de los nervios más activos y más influyentes de todo el sistema nervioso.


Síncope vasovagal

El nervio vago es fundamental en la regulación de nuestro cuerpo y, ante ciertos factores desencadenantes, puede provocar lo que conocemos como síncope vasovagal. Este episodio es una respuesta fisiológica en la que el nervio vago reduce de forma brusca la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que puede llevar a una pérdida temporal del conocimiento. Los desencadenantes más comunes incluyen estar de pie durante mucho tiempo, la exposición al calor, realizar un esfuerzo intenso, ver sangre… Sin embargo, en ocasiones esta respuesta vasovagal puede aparecer sin un factor desencadenante claro.

No suele ser peligroso.
Es, en realidad, un mecanismo de autoprotección muy antiguo: el cuerpo baja la frecuencia cardíaca y la tensión arterial para “desconectar” momentáneamente ante un estímulo que interpreta como demasiado.

Este ejemplo muestra algo clave: el sistema nervioso no responde a lo que queremos, sino a lo que interpreta.

Y ahí empieza la parte que más nos afecta en la vida diaria.


El nervio vago no se activa porque decidamos estar tranquilos

Muchas veces pensamos que calmarnos es una cuestión de voluntad como decirnos “me voy a relajar” o «voy a respirar hondo un par de veces y ya». Pero el cuerpo no obedece órdenes tan fácilmente.

El nervio vago participa en decidir si estamos en amenaza, en alerta, o en un estado de calma segura.

Y para moverse hacia la calma, necesita señales reales de seguridad, no solo intención.

No basta con decirnos “tranquilízate”.
El cuerpo necesita sentir que “aquí puedo bajar la guardia.”


La respiración que calma al cuerpo porque envía seguridad

Las técnicas de respiración son una herramienta muy poderosa para activar el nervio vago y generar calma en el cuerpo. Cuando se hacen de forma consciente y adecuada, envían una señal de seguridad al sistema nervioso, que interpreta que no hay peligro.

Así, el cuerpo puede pasar de estar en alerta constante a un estado de relajación profunda: la frecuencia cardíaca baja, la respiración se regula, y la tensión muscular disminuye.

No se trata solo de “intentar calmarse”, sino de cambiar el mensaje que el cuerpo recibe, haciendo que deje de percibir amenaza.

Por eso, practicar la respiración con atención y paciencia es fundamental para que el cuerpo deje de vivir en un estado de activación permanente.


Otras formas de activar el nervio vago

El nervio vago se puede activar también a través de acciones muy sencillas y accesibles que, muchas veces, pasan desapercibidas:

  • Cantar: Así se estimulan las cuerdas vocales y la laringe, que están conectadas con el nervio vago, favoreciendo su activación.
  • Agua fría: Salpicar la cara con agua fría o tomar duchas con cambios de temperatura activa el nervio vago a través de un reflejo natural.
  • Ejercicio físico moderado: Actividades como caminar, el yoga o el tai chi, que combinan movimiento y respiración consciente, ayudan a regular el sistema nervioso.
  • Contacto social cálido: Estar con personas que nos hacen sentir seguros y acompañados.
  • Meditación y mindfulness: Las prácticas que enfocan la atención en la respiración y el momento presente mejoran la función del nervio vago.

Estas formas activan el nervio vago porque envían señales al cuerpo de que está en un entorno seguro, permitiendo que se relaje y se conecte desde un lugar de calma.


Cuidar nuestro nervio vago es cuidar nuestra seguridad interna

El nervio vago es un aliado silencioso que trabaja para mantenernos en equilibrio, adaptándonos a lo que la vida nos presenta.

Al entender cómo funciona y aprender a activarlo conscientemente, no solo mejoramos nuestra salud física, sino que también favorecemos una regulación emocional más sólida y una mayor sensación de bienestar.

Dedicar tiempo a escuchar y cuidar nuestro cuerpo, practicar la respiración, conectar con otros y permitirnos momentos de tranquilidad es regalarle a nuestro sistema nervioso el espacio para que su trabajo sea el mejor.

Recuerda: la calma no es solo un estado mental, es un mensaje que enviamos a nuestro cuerpo y que el nervio vago interpreta como seguridad.

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