La ansiedad en el trabajo no siempre se hace evidente de forma dramática. No siempre aparece como un episodio intenso; a veces se instala poco a poco, con tensión constante en el pecho, dificultad para concentrarse, insomnio, irritabilidad o esa sensación de estar “en alerta”. Puede que no sepamos ponerle nombre, pero el cuerpo sí lo siente.
Lo curioso es que suele afectar a personas comprometidas y responsables, que quieren hacerlo bien. Personas que se exigen y sostienen mucho, pero que terminan pagando un alto coste emocional.
¿Qué provoca la ansiedad laboral?
La ansiedad laboral no surge de la nada. Generalmente responde a situaciones que sobrepasan nuestra capacidad de adaptación. Algunos factores frecuentes incluyen:
- Exceso de carga o presión constante, horarios prolongados o la sensación de estar siempre disponible por correo y mensajes.
- Tareas poco claras o falta de reconocimiento, que generan inseguridad y estrés.
- Miedo a equivocarse o a no estar a la altura, especialmente en entornos competitivos o muy exigentes.
- Entornos emocionalmente inseguros, donde expresar dificultades no se percibe como aceptable.
- Dificultad para desconectar fuera del horario laboral, que impide la recuperación emocional y física necesaria.
Reconocer las causas ayuda a no culparse y a identificar posibles cambios.
Cómo se manifiesta y sus consecuencias
Cada persona experimenta la ansiedad de manera distinta, pero algunos signos habituales incluyen:
- Sensación de agobio o bloqueo ante tareas cotidianas.
- Pensamientos repetitivos o anticipación negativa constante.
- Problemas físicos: dolores musculares, digestivos o insomnio.
- Evitación de reuniones o situaciones laborales.
- Dificultad para disfrutar del tiempo libre o desconectar mentalmente del trabajo.
Si no se atiende, la ansiedad puede afectar la productividad, la concentración, las relaciones con compañeros y la salud general. Reconocer estos signos es el primer paso para entender lo que está sucediendo y poder actuar.
Por otra parte, cuando esta ansiedad se mantiene en el tiempo, puede dar lugar a un desgaste mayor: un agotamiento profundo en el que el cuerpo empieza poco a poco a ‘apagarse’. Es entonces cuando podemos empezar a hablar de burnout.
Estrategias prácticas para aliviarla
No hay soluciones instantáneas, pero sí pasos que pueden marcar la diferencia:
- Revisar tu entorno: identifica qué aspectos del trabajo te generan estrés y ajusta expectativas, prioridades o límites cuando sea posible.
- Cuidar tu cuerpo: practica respiraciones profundas, sal a caminar, muévete durante el día y descansa lo suficiente.
- Pedir apoyo: habla con alguien de confianza o busca ayuda profesional. Compartir lo que sientes reduce la carga emocional y te da perspectiva.
- Crear espacios seguros: dedica tiempo a actividades que no exijan rendimiento y cultiva relaciones donde te sientas «tú mismo», sin juicio.
No ignores las señales
La ansiedad laboral no es una debilidad ni una falta de capacidad. Es una señal de que algo en tu entorno, en los ritmos o en las exigencias no está funcionando bien.
Reconocerla no significa rendirse, sino dar el primer paso para recuperar el equilibrio y cuidar tu salud mental.
A veces ese paso implica ajustar expectativas; otras, pedir ayuda profesional.
Lo importante es no recorrer este camino en soledad.
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