Puede que no lo hayas notado del todo, pero en estos días de calor sofocante, es posible que te sientas más irritable, desganado o emocionalmente más sensible de lo habitual. Y no es solo porque las altas temperaturas generen incomodidad física, sino que el calor tiene un impacto real en cómo nos sentimos, cómo pensamos y cómo nos relacionamos.
Tu cuerpo y tu mente no funcionan por separado.
¿Por qué afecta tanto el calor a nuestro funcionamiento psicológico?
Nuestro organismo está diseñado para autorregularse, pero con temperaturas elevadas constantes, ese sistema se sobrecarga: el cuerpo dedica mucha energía a regular la temperatura corporal. Además, el calor actúa como un factor estresante que puede disparar la producción de cortisol, la hormona del estrés, contribuyendo a que te sientas más irritable o ansioso de lo habitual.
Lo que a veces interpretamos como «mal humor sin motivo» o «agotamiento» quizá tenga más que ver con el calor de lo que te imaginas.
Algunas reacciones habituales cuando el calor aprieta:
- Irritabilidad: El calor nos vuelve más propensos a saltar por cosas pequeñas, más impacientes. Pequeñas cosas que en otro momento pasarían desapercibidas, ahora se sienten como una sobrecarga.
- Fatiga mental y física: Dormimos peor, descansamos menos y eso repercute directamente en nuestra concentración, en las ganas de hacer cosas y en el estado de ánimo general.
- Mayor vulnerabilidad emocional: Si ya estás lidiando con ansiedad, tristeza o duelo, el calor puede intensificar estos procesos. Como si lo que llevas por dentro se agitara aún más con el bochorno exterior.
¿Por qué ahora te cuesta más todo?
Porque el calor no solo agota físicamente, también te resta recursos mentales y emocionales. Es como si tu capacidad de adaptación estuviera en modo ahorro de energía. A veces, incluso hacer planes, tomar decisiones sencillas o tener una conversación se vuelve un mundo.
Y si ya partes de un lugar de desgaste (porque hay ansiedad, estrés crónico o una situación emocional complicada), el calor puede ser ese peso extra que hace que todo se sienta más cuesta arriba.
Entonces ¿qué puedes hacer con esto?
Aunque un buen ventilador o el aire acondicionado ayudan, también hay pequeños gestos que pueden marcar la diferencia. Aquí te dejo algunas ideas:
1. Trátate con amabilidad, especialmente si te notas irritable o desbordado. No te castigues por ello; reconoce lo que estás sintiendo y acéptalo sin juzgarte.
2. Baja el ritmo, puedes hacer menos, ir más despacio o posponer. Tu cuerpo y tu mente necesitan adaptarse a este momento.
3. Cuida la hidratación y el descanso, bebe regularmente, elige cenas ligeras, evita el alcohol y el ejercicio, justo antes de acostarte para mejorar la calidad del sueño a pesar del calor.
4. Presta atención a tus medicaciones, algunos psicofármacos afectan a la sed o a la regulación térmica. Si los tomas, estate atento a signos de deshidratación o confusión y no dudes en comentarlo con un profesional.
5. Acude a terapia si sientes que esta época de calor sofocante ha hecho emerger algo que quizá ya venía pesando desde hace tiempo.
Recuerda siempre
Los días veraniegos de calor intenso no sólo afectan a tu cuerpo, también pueden afectar a tu equilibrio emocional, a tu claridad mental y pueden amplificar algunas vulnerabilidades.
Si notas que el calor hace que te desbordes o que te desconectes de ti mismo, quizá sea momento de atender a lo que hay detrás de estas sensaciones.
A veces, no se trata solo de cambiar de estación, sino de la atención y el cariño que te das a ti mismo.
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