Cuando poner límites duele: la culpa al priorizar(te)

Poner límites es un acto necesario para cuidar de uno mismo, pero muchas veces viene acompañado de una sombra incómoda: la culpa. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué al decir “no” o marcar hasta dónde llegamos, sentimos que estamos fallando o haciendo daño a los demás?


¿Por qué sentimos culpa al poner límites?

Culturalmente, a menudo se asocia decir “no” con ser egoísta o insensible. Esto abre las puertas a la aparición de la culpa, que puede ser muy incómoda y limitante. A veces creemos que poner límites puede hacer sentir mal a otros, y preferimos sacrificar nuestro bienestar para evitar conflictos, decepcionar o sentirnos rechazados por los demás.

Pero en realidad, esa culpa no es más que un mecanismo que nos aleja de lo que realmente necesitamos y complica el autocuidado. Nos hace dudar de nuestras decisiones y nos mantiene atrapados en un ciclo donde poner límites se siente como un algo negativo, en lugar de un acto de amor propio. Reconocer esta culpa y entender su origen es el primer paso para liberarnos y aprender a priorizar nuestro bienestar sin culpa.


¿Por qué es importante poner límites?

Poner límites es un acto de respeto hacia uno mismo. No es cerrar puertas ni cortar vínculos, sino expresar qué es aceptable para nosotros y qué no. Es cuidar nuestra energía, nuestra salud mental y emocional. En este post, te hablo del agotamiento emocional que aparece cuando por no poner límites terminas ocupándote de todo y de todos, pero olvidándote te ti.

Además, poner límites también es cuidar a los demás. Cuando somos claros con lo que podemos ofrecer, también estamos evitando malentendidos, y resentimientos, construyendo así relaciones más sanas y honestas. No se trata de ser rígidos ni fríos, sino de ser conscientes y respetuosos tanto con nosotros como con quienes nos rodean.


Cómo trabajar la culpa cuando aparece

  1. Reconocer que la culpa es normal, pero no debe controlarte. Sentir culpa es una llamada de atención, no un castigo ni una verdad absoluta.
  2. Reformula tu pensamiento: decir “no” no te convierte ni en una mala persona, ni en alguien que no quiere a los demás.
  3. No olvides que cuidarte es un gesto de amor propio que también beneficia a los demás.
  4. Practica límites pequeños: empieza por situaciones simples y cotidianas y observa cómo te sientes.
  5. Busca apoyo si la culpa se vuelve muy pesada: un espacio terapéutico puede ayudarte a entender estos sentimientos y encontrar herramientas para manejarlos.

Poner límites es cuidar

Poner límites no es solo un acto de autocuidado, sino también una forma de cuidar las relaciones y a los demás. Cuando marcas lo que necesitas, lo que puedes ofrecer, hasta dónde puedes llegar, das claridad, evitas malentendidos y, construyes vínculos más sólidos y auténticos.

Al final, poner límites desde el respeto también es una manera de querer bien, a uno mismo y a los otros.


Si te cuesta poner límites o te sientes atrapado/a en la culpa, la terapia puede ser un lugar seguro para explorar esto y aprender a cuidar de ti con tranquilidad. Aquí estoy para acompañarte.

Comparte con quien crees que lo puede necesitar: